viernes, 9 de enero de 2009

Un cambio que me hizo ser

Uno de los cambios que en mi vida sentí y ayudo a forjar a la persona que soy ahora, es el cambio de un colegio a otro en el momento en el que empezaba a ser una adolescente. Por decisión de mi familia, y como hasta ahora comprendo para un bien mío, me hicieron el cambio del colegio La Asunción al Colegio Guadalupano, un colegio de religiosas bastante exigentes.

Un día de estos comentaba Lorena lo fastidioso que son los colegios de religiosas, pues bien, yo estoy de acuerdo con eso pero también creo que que me ayudo muchísimo a crecer como persona, a desenvolverme de la mejor manera en otro mundo en el cual solo veía niñas, niñas y mas niñas.

La enseñanza de mi colegio anterior era personalizada, es decir, los trabajos los realizábamos los alumnos con la guía de los maestros pero de forma básicamente individual en la cual se nos entregaba una guía de estudios, buscábamos lo que se nos pedía y al final del día presentábamos nuestros trabajo y nunca teníamos tareas o actividades. Cuando entre al nuevo mundo en el que me sometió mi madre, fue difícil , pues en este las clases eran impartidas por los profesores, dictaban y dictaban y nosotras escribíamos y escribíamos, habían muchísimas tareas, los exámenes un poco dificultosos y mas si no te habías preparado de la manera correcta.

¿Porque digo que me ayudo? Bueno, yo pienso que me ayudo de la manera en como fui adoptando un papel sumamente responsable en cual, si yo no hacia las tareas no había nadie mas que me las hiciera, tenia que defenderme como pudiera, sabia que si tenia examen tenia que estudiar. Aprendí hacer las cosas de una manera extremadamente perfeccionista y ahora siento que hasta me creo un habito de estudio y una manera en como cargar responsabilidades de cualquier tipo dando lo mejor que tengo y desempeñando mi mejor papel en todo.

1 comentario:

  1. Claro, cuando somos jovencitas creemos que medio mundo está para fastidiarnos, especialemente las monjas. Por eso lo que decís es vital: tanta disciplina y exigencia nos hacen mejores personas. Sí, Andrea, por culpa de ellas somos obsesivas.

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